Distribución y Hábitat Del Caracol

Distribución y Hábitat Del Caracol

Un hogar para los caracoles

¿Qué animal te hace falta conocer? ¿Las ballenas? ¿Los osos panda? ¿Los elefantes? Puede ser cualquiera de estos, pero seguramente no los caracoles y es porque estos se encuentran prácticamente en todas partes. Probablemente has visto algunos en tu jardín o en la superficie de una pared, indemne ante la gravedad.

Los caracoles son moluscos miembros de la clase Gastropoda, cuyos miembros, babosas y caracoles, constituyen el 80 por ciento de todos los moluscos. Los gasterópodos están distribuidos en todo el mundo, desde los océanos Ártico y Antártico hasta las regiones ecuatoriales. Además, están adaptados para la vida en el agua y en la tierra.

Por su parte, los caracoles terrestres se encuentran entre los invertebrados más ampliamente distribuidos alrededor del mundo. Pueden hallarse en los cinco continentes y hasta en la región subantártica, donde las temperaturas son muy bajas. Solamente en Norteamérica existen más de 500 especies nativas, y estas coexisten con otras especies introducidas o que son oriundas de otros lugares.

Hábitats diversos

Los gasterópodos terrestres son los únicos moluscos que se han adaptado a todos los hábitats de la Tierra. Abarcan zonas de altitudes notables, regiones montañosas, sitios fríos y calurosos.

Se les llama caracoles de tierra porque viven y realizan sus funciones vitales en el suelo y no en el mar o en cuerpos de agua dulce. Sin embargo, en ocasiones la línea entre las especies acuáticas y las terrestres es muy delgada, ya que algunas están muy asociadas con sitios húmedos y otras son casi anfibios.

Son capaces de sobrevivir tanto en zonas naturales como en zonas perturbadas, o en medios deshabitados y en zonas urbanas. Lugares comunes donde habitan caracoles de tierra son jardines, campos, zonas agrícolas, márgenes de ríos o arroyos, suburbios, pantanos, ciudades, selvas y bosques. A menudo, los jardines de las casas albergan muchos caracoles y como son fáciles de mantener, algunas personas se dedican a criarlos como si fueran cualquier animal de granja. Esta actividad normalmente está enfocada en usar a los caracoles como alimento.

Gracias al fluido que segregan pueden desplazarse en todo tipo de superficies, por eso no es raro verlos en las paredes, en los techos, en las rocas, en las hojas de las plantas, entre los musgos y en los resquicios de cualquier área. Muchos prefieren situarse cerca de las rocas, las zanjas y las plantas para poder resguardarse de sus depredadores naturales.

Hábitat de los caracoles.

Caracol sobre hojas secas.

Súper caracoles

Ahora bien, es verdad que prefieren los sitios húmedos, pero existen algunos que están adaptados a las duras condiciones de los desiertos. Entre estas especies se hallan Sphincterochila boissieri y Xerocrassa seetzeni, poco conocidas. La primera vive en desiertos de Egipto e Israel, y la segunda se distribuye desde Siria hasta Arabia Saudita, pudiendo encontrársele en el desierto del Néguev, una zona inhóspita para las personas y muchos animales, pero no para ella.

La especie Notodiscus hookeri es la que se encuentra en la región subantártica, específicamente en islas y archipiélagos del océano Atlántico: islas Kerguelen, islas Crozet, islas del Príncipe Eduardo, islas Heard y McDonald y el grupo de Georgia del Sur.

Se han encontrado caracoles entre el plumajes de aves como el carbonero común (Parus major), hecho que sugiere que los pequeños gasterópodos pueden ser transportados de hábitat en hábitat de forma involuntaria.

Queda claro que los caracoles son muy abundantes, pero algunos han estado en riesgo de desaparecer de algunas zonas y otros han sido llevados fuera de su zona de distribución natural. En algunos casos ha sido contraproducente, como ha sucedido con el caracol gigante africano (Achatina fulica), introducido a muchísimas zonas del mundo y ahora considerado una de las más peligrosas especies invasoras por su hábito de consumir los cultivos agrícolas.

Los caracoles de tu patio trasero son animales muy resistentes. ¡Valóralos!